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( Columna: Butaca Alta )
Ser un repatriado

Históricamente para cualquier jugador de fútbol salir de tu país para jugar en otras ligas de mayor nivel es un triunfo, por lo económico, pero sobre todo porque eres un jugador valorado.

Hay países como Argentina y Brasil que son fábricas de jugadores, donde hablar de Europa como destino es lo común. Caso contrario a México, que colocar a uno de los suyos en el extranjero, principalmente en el fútbol europeo, es algo poco habitual; y en el caso azteca lleva una carga de exigencias para quien da ese salto de calidad.

De entrada en México la afición y los medios piden titularidad y regularidad al equipo que llegas, y si es delantero piensan que vas ser el próximo Hugo Sánchez y si es defensa en Rafael Márquez.

Es verdad que si sales de tu liga es porque vas a competir con los mejores y eso te convertirá en una mejor versión de ti mismo, pero al poner la vara tan alto, como hacen los medios mexicanos, lo que pareciera ser algo positivo se convierte en todo lo contrario, lo cual es muy injusto porque muchas veces le ponen una presión extra a un jugador que está pasando por un proceso de adaptación que puede llevar su tiempo, pero los medios piden inmediatez. Tenemos el caso de Diego Lainez donde su actual equipo, Betis de Sevilla, ha dicho que este año va ser de aprendizaje, por lo cual no le van a exigir mucho, pero ya se escuchan voces desde México que critican su aparente inactividad.

Cuántas veces no escuchamos críticas muy duras de los mexicanos para los mexicanos: porque es banca, porque no mete goles. Que si sale del país es para destacar.

Jugar a un nivel de alta competencia como es el de Europa es medirte con los mejores del mundo y eso hace que muy difícilmente se pueda mantener una regularidad a un ritmo tan exigente por un largo período. Se entiende, como a cualquier jugador le pasa, que tendrá rachas buenas y malas. Eso es lo normal.

Basta con ver la saña con la  que analizan a jugadores como el “Chicharito” Hernández, que después de triunfar cuatro años en Manchester United y pasar por el Real Madrid, se le exige como en sus mejores días, cuando no se toma en cuenta que la edad ya es un factor. El famoso Chicharo tiene una carrera de 9 años en las mejores ligas del Mundo y a pesar de las lesiones, el jugador aún rinde lo que se espera de él. En un equipo como el West Ham de la Liga Premier de Inglaterra, que no aspira a ser campeón, pero si a mantenerse a la mitad de la tabla.

Obiviamente hay quien lo hace mejor, como el Chucky Lozano, y eso es un gran mérito, pero hay a quien solo le alcanza para un par de años un nivel de alta competencia en Europa y ya está. Y entonces viene la repatriación.

Lo que debería reconocerse como un mérito el salir del país y destacar en el extranjero; en México es mal visto, incluso es sumamente criticado que un jugador regrese al país.

No se perdona que alguien que jugó fútbol al maximo nivel regrese a México, a eso le llaman fracasó o mediocridad.

Siempre he pensado que las personas deben de estar donde son felices y si eso implica regresar a tu país entonces tomaron los mejores decisiones. Pero a los analistas y afición poco les importa los factores externos, para ellos el tema es fútbol y lo demás no cuenta.

El caso más recientemente es el de Miguel Layún, quien dejó al Villarreal de España para regresar al Monterrey.

Layún, a sus 30 años, no tendría que venir a demostrar algo al fútbol mexicano, más bien llega a sumar experiencias que ayuden a su equipo en muchos sentidos.

Otro caso es el Carlos Salcedo, que a sus 25 años regresa al fútbol de la Liga Mx. Dejando atrás al Eintracht Frankfurt de Alemania.

Lo dicho, si regresan porque se sienten mejor en suelo azteca, son bienvenidos. No son mediocres ni fracasados porque el fútbol siempre da revanchas.

Por: Roberto Acevedo Acosta






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