
México, 1 jun (EFE).- Aunque tendrá a favor a sus hinchas y la altitud sobre el mar de sus estadios, la selección mexicana deberá jugar su mejor fútbol si pretende clasificarse en primer lugar en el grupo A de la Copa Mundial, una llave con equipos de nivel parejo.
Ni México, ni Corea, ni la República Checa ni Sudáfrica aparecen entre los ocho países campeones mundiales y en la clasificación de FIFA se colocan después del duodécimo lugar. Sin embargo, son selecciones emergentes que convertirán la llave A en una experiencia con el aire impredecible de las citas a ciegas.
México, decimoquinto del ránking, alcanzó los cuartos de final las dos veces que fue sede del Mundial, en 1970 y 1986. Igualar eso este verano será una meta difícil, tal vez por encima de las posibilidades de un equipo con altibajos, que llega diezmado por las lesiones de varios de sus principales jugadores.
El seleccionador Javier Aguirre esperó a última hora para anunciar el equipo con el que jugará la Copa, estrategia para ver la evolución de algunos de sus mejores futbolistas lastimados, entre ellos el centrocampista Luis Chávez, del Dínamo de Moscú, el delantero Santiago Giménez, del Milan; y el contención Edson Álvarez, del West Ham; y el delantero Alexis Vega, del Toluca.
Antes, México perdió por lesiones al guardameta Luis Malagón; al lateral Rodrigo Huescas y al centrocampista Marcel Ruiz, quienes pintaban para ser titulares.
La mayoría de los medios mexicanos aseguran que el debut ante Sudáfrica es pan comido. Olvidan que fue el último equipo africano en vencer a México y que apenas empataron cuando se vieron en la inauguración del Mundial del 2010.
Sudáfrica jugará el Mundial con una mayoría de figuras de su liga. Un tercio de su plantilla proviene del Mamelodi Sundowns, el cuadro con más títulos en la Premier

sudafricana; los jugadores se conocen y eso es un plus para el seleccionador Hugo Bross.
Aun cuando los pronósticos favorecen al equipo del 'Vasco' Aguirre, si los 'Bafana Bafana' logran detener la ofensiva mexicana, comandada por el delantero Raúl Jiménez, y si, además, anotan primero, pueden estropearle a México la fiesta de la inauguración,
Corea, vigésimo quinta selección del mundo, armó un equipo equilibrado, veloz, con una defensa segura liderada por Kim Min-Jae, del Bayern Munich; con centrocampistas de la talla de Kang In Lee,, del PSG, y delanteros como Heung-Min Son, de Los Angeles FC, que se acostumbró a burlar a zagueros mexicanos en la Liga de campeones de la Concacaf y pretende hacerlo en el Mundial.
La República Checa, equipo 41 del mundo, parecía víctima propicia ante Dinamarca en el repechaje. Ganó y llega a la Copa en un elevado momento anímico.
Si bien está lejos del nivel de las selecciones checoslovacas finalistas de los Mundiales de 1934 y 1962, Chequia será una piedra en el zapato para mexicanos, sudafricanos y coreanos, que deberán defender muy bien para neutralizar el juego aéreo letal de un equipo rocoso, con figuras de buen físico.
El defensa Ladislav Krejci, quien brilló en la eliminatoria, lidera un equipo que, a pesar de tener buen juego de conjunto, posee individualidades capaces de marcar diferencia, entre ellas el centrocampista Thomas Soucek, del West Ham, y el delantero Patrick Schlick, del Bayern Leverkusen.
Para México sería trágico no pasar en primer lugar porque jugaría el resto de sus partidos fuera del país, contra rivales muy fuertes.
¿Puede suceder eso?
Sí. Y también todo lo contrario porque la llave A no reúne condiciones para ser considerada grupo de la muerte, pero sí provocará emociones de infarto a los aficionados mexicanos, sudafricanos, coreanos y checos.