
Miami (EE.UU.), 17 jul (EFE).- Cuando Francia e Inglaterra disputen este sábado el encuentro por el bronce en Miami, ninguno estará satisfecho. Sin embargo, la ausencia de presión en este partido ha sido históricamente aprovechada por los delanteros para engrosar sus cuentas goleadoras y, en ocasiones, alzarse con la Bota de Oro como premio de consolación, como podría suceder con Kylian Mbappé.
El francés llega a la cita empatado a 8 goles con Lionel Messi por la Bota de Oro, pero con una asistencia menos que el argentino, por lo que deberá sumar contra Inglaterra si desea sacar algo positivo de este Mundial.
Para ello, Mbappé dispondrá de un escenario mucho más placentero que el que vivirá Messi el domingo ante España con el título de campeón en juego.
Hasta en cuatro ocasiones, el partido por el bronce ha decidido el máximo goleador de un Mundial. La última de ellas fue en el año 2010, cuando el alemán Thomas Muller anotó un gol en la victoria contra Uruguay (3-2) y se

llevó la Bota de Oro por el número de asistencias.
Esta circunstancia también sucedió en 1938, año en el que el brasileño Leónidas rompió el empate por el premio al máximo goleador con dos tantos en el encuentro por el bronce; en 1990, de la mano del italiano Salvatore Schillaci, y en 1998, gracias al acierto del croata Davor Suker.
Históricamente, el partido por el bronce es un festival goleador. El récord, difícil de superar, lo tiene Suecia 1958, con un 6-3 entre Francia y Alemania que vio al punta francés Just Fontaine anotar cuatro goles (de los trece que sumó en ese torneo).
Este encuentro protocolario, que se ha disputado en todas las ediciones del Mundial desde 1934, a excepción de 1950 -una liguilla decidió los cuatro primeros puestos-, también dejó el gol más rápido en la historia de los mundiales.
El turco Hakan Şükür fue el protagonista al perforar la red de Corea del Sur a los once segundos del arranque del partido en el Mundial de Corea y Japón 2002.